Ring Ring Review: La Ronde reinventada como un carrusel de ansiedad moderna en el teatro
GRAMOLa Ronde de Arthur Schnitzler se une a una larga lista de obras con Gentle Dance de Ari Owen, ambientada en una silla musical en 1897. Con escenas entrelazadas entre dos actores a la vez, rotan cada pocos minutos. Es un recurso útil para reunir variedad en una sola historia, como mezclar una gran ensalada de ideas. Aunque bellamente interpretada por su joven elenco, esta nueva y moderna mezcla del autor de la incomparable Ifigenia de Splott lucha por sumar más que la suma de sus partes.
La Ronde causó controversia, siendo considerada inmoral y demasiado sexual para el escenario. Ring Ring adopta un enfoque mucho más suave. Wayne intenta iluminar las ansiedades modernas que nos mantienen despiertos por la noche: las cosas que tememos compartir, seguir adelante y afrontar por nuestra cuenta. Tenemos parejas nerviosas, preocupadas por si serán padres. Personas de punta a punta que esperan que un polvo les ayude a olvidar sus miedos existenciales. Individualmente, las escenas son rápidas y llenas de urgencia, con una agradable franqueza en el diálogo de Wayne. Colectivamente, extrañamos la sensación de acumulación o impulso hacia adelante.
Básicamente por comisión Real Colegio de Música y Drama de GalesY dirigida por David Bond, ex director de actuación de la escuela, esta es la primera salida profesional del programa. Con un elenco de cinco trabajadores, le resulta difícil deshacerse de sus raíces como programa estudiantil y que los actores vayan más allá de la práctica en la que se iniciaron. A esto no ayudan los momentos de autoconciencia durante los cambios de escena o los estantes corrugados de Alberto Aquilina, pensados como recordatorios físicos de este encuentro, que en realidad se convierten en incómodas bandejas de utilería para el elenco.
Tiger Tingley hace todo lo posible para encontrar la ternura del guión, primero como un trabajador aburrido que coquetea agresivamente en la calle y luego como un padre hastiado que busca reconectarse con su pareja. Leisa Gwenlian y Ewan Bond también se adaptan con facilidad, oscilando entre la elegancia y la angustia. Hay algunas buenas historias que contar. Teatro de sombrasSu producción, pero sirve al público en destellos y fragmentos más que en su totalidad.









